El arte de perfumarse

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” El perfume debía olerse en estado distendido y aireado, nunca concentrado. Salpicó el pañuelo con algunas gotas, lo agitó en el aire, a fin de evaporar el alcohol, y se lo puso bajo la nariz. Con tres inspiraciones cortas y bruscas, inhaló la fragancia como un polvo, expiró el aire enseguidda, se abanicó, volvió a inspirar tres veces, y, tras una profunda aspiración, exhaló por último el aire con lentitud y deteniéndose varias veces, como dejándolo resbalar por una escalera larga y lisa. “

“EL PERFUME” de Patrick Süskind

LA ELECCIÓN DE UN PERFUME

A pesar del esfuerzo, la creatividad y el rigor empleados en la confección de una fragancia, quien tiene la última palabra sobre su calidad es siempre el consumidor final.

Dentro de los mecanismos olfativos entran en juego factores de tipo fisiológico, sicológico, cultural y social, entre otros, que también influyen en el comportamiento de las personas.

El primero de los olores de carácter erógeno que debe considerarse es el producido por el propio cuerpo humano. Los olores del hombre y el de la mujer son distintos, ya que se basan en químicas particulares propias de cada sexo y, en parte, su misión es despertar el impulso sexual.

Así, algunos olores, generados por la actividad hormonal de las glándulas apocrinas en combinación con ciertas bacterias específicas, no desencadenan una reacción biológica irresistible, sino que excitan los mecanismos sexuales, preparándolos para una actuación que se realizará o no en función del estado fisiológico y las condiciones y circunstancias en que se encuentran los individuos.

En otras palabras, mientras que en las especies animales el olor en la época de celo, desencadena una actividad sexual con finalidad reproductora, en el hombre provoca un impulso de atracción atenuado por condiciones físicas, culturales, sociales, morales y religiosas.

El olor corporal se desarrolla a partir de la pubertad coincidiendo con la madurez sexual. La función erógena de este olor no sólo se verifica a raíz de su localización en las zonas pilíferas que rodean los aparatos urogenitales o las axilas, sino también en las variaciones de sus emanaciones, determinadas por la temperatura del cuerpo, la edad y en el caso de la mujer, los ciclos menstruales.

Dado que el acto de perfumarse no se limita simplemente a oler bien, sino que busca ejercer, de acuerdo con la propia personalidad, un efecto agradable y excitante en los demás, los componentes del perfume deben evocar y reforzar el propio olor corporal. Pero la acción erotizante de los componentes de “olor animal” sólo se produce cuando las imágenes y los recuerdos que suscitan permanecen en el subconsciente, pues de lo contrario puede generar el rechazo de dicho olor.

Para valorar adecuadamente la complejidad de una fragancia es aconsejable dar un tratamiento diferenciado a sus componentes en función de su volatilidad.

El primer paso consiste en humedecer una mouillette con el perfume y analizar así las notas de cabeza, las más delicadas, al margen de olores ambientales.

Tras apreciar las notas de cabeza mediante una mouillette, se vaporiza una pequeña cantidad de perfume sobre la piel de la muñeca y se espera unos minutos para que se evaporen las sustancias más volátiles. De este modo pueden apreciarse las notas de corazón o centrales.

PERSISTENCIA Y TENACIDAD

El primer factor que debe tenerse en cuenta al elegir un perfume es que ejerza una acción armónica en los sentidos. Esta acción está condicionada por las funciones de sus distintos componentes, las cuales inciden en su olor y volatilidad. Dichas funciones determinan componentes de base, de complemento y fijadores o matizadores.

Los componentes de base son aquellas sustancias odoríferas que acompañan a los demás componentes y que dan forma al olor del complejo que constituye el perfume acabado. Para que la acción de los componentes de base se mantenga homogénea durante todo el proceso de percepción, sus elementos deben tener un grado de volatilidad similar, porque de lo contrario el fugaz predominio del olor de uno de ellos durante alguna fase perturbará la armonía del perfume. Por esta razón, dado que algunas sustancias odoríferas tienen un efecto aromático suave, poco penetrante y escasa volatilidad, mientras que otras se caracterizan por su acción penetrante durante la fase de volatilización, el perfumista busca combinarlas de modo que maticen y compensen la acción de unas y otras. Así mismo, la volatilidad de las sustancias de base y de las matizadoras determina la fugacidad del perfume, por lo que los perfumistas emplean en este caso los componentes llamados fijadores para reducirla. Así, los fijadores, al disminuir el grado de volatilidad de los demás componentes, determinan la persistencia que tendrá la acción aromática del perfume.

Pero el uso de los fijadores que determinan la mayor o menor tenacidad o persistencia de los perfumes está condicionado por la frecuencia con que éstos se empleen. Ello significa que las personas que no se perfuman habitualmente pueden elegir un perfume tenaz y persistente, cuyos efectos sigan percibiéndose varios días después de su aplicación. El inconveniente de estos perfumes es que no se puede utilizar otro nuevo mientras perduren en la ropa que se ha llevado con ellos. Por este motivo, aquellas personas que se perfuman con frecuencia optan por perfumes cuya persistencia no supera el lapso de unas horas.

Así pues, es muy importante saber oler a la hora de elegir y comparar distintos perfumes, cuya composición suele figurar en algunos envases. No se trata de oler superficialmente, sino de procurar descubrir los matices y grados de evaporación de sus componentes. Quizás esto resulte un poco complicado para una persona no especializada, pero se trata de tener en cuenta que todo olor evoluciona, es decir, que “llega y se da a conocer”.

ASPECTOS PERSONALES

Una vez conocido un olor, queda su comparación con otro u otros perfumes, operación sin duda difícil cuando no se ha entrenado el olfato; el entrenamiento es indispensable, dada la importancia que tiene la experiencia personal para identificar los olores con sus correspondientes sensaciones. Aparte de considerar que no todos los olfatos reaccionan del mismo modo, está el hecho de que las sensaciones, por su origen y proceso, son referencias de los estados fisicopsíquicos de las personas en un determinado momento. Esto significa que una misma materia odorífera no produce siempre exactamente la misma sensación, lo cual provoca cierta inestabilidad emocinal en la percepción y apreciación de un perfume. Es decir, puede ocurrir que, a la hora de elegir un perfume, éste no sea apreciado tal como se recuerda, no porque se haya alterado su composición, sino porque han cambiado las condiciones psíquicas y las circunstancias de quien lo huele. No se debe a la casualidad que las empresas de perfumes concentren sus productos en dos grupos determinados de edades: la juventud y la madurez. A modo de ejemplo, puede decirse que durante la juventud, cuando el individuo es uno más en el grupo familiar y de amigos, prefiere el agua de Colonia, porque su perfume común simplemente huele a limpio. Pero esta actitud de indiferenciación con el entorno puede cambiar durante la conflictiva etapa de la adolescencia, cuando el individuo siente la necesidad de afirmar su identidad en un medio en cierto modo hostil desde su punto de vista, y adopta un producto más perfumado como un primer signo de diferenciación.

Durante este período de búsqueda, el individuo es susceptible a los cambios emocionales y a las influencias externas, y ello se refleja en las elecciones de perfumes de distintas características. A partir de los veinte años, aproximadamente, comienza a estabilizarse su personalidad y a sentir que en el mundo están él y los demás, y que el perfume refuerza su personalidad al tiempo que es un factor de seducción y de definición del papel social o socioprofesional. A partir de este momento, y a medida que madura, el individuo busca una afirmación de las propias características personales. En el caso de la mujer, sobre la base de la femineidad, descubre otras características de la seducción, como la complejidad y la voluptuosidad, que puede traducir a través de un perfume más denso y de nostas más matizadas.

EL ARTE DE PERFUMARSE

El arte del perfumado consiste en vestirse con una indeleble “segunda naturaleza”, capaz de atraer y seducir a otros; de establecer una sutil e íntima comunicación sin necesidad de gestos y palabras. Para conseguir este propósito, es importante que el perfume, la personalidad y el aspecto del perfumado y el ambiente en el que se mueve formen un conjunto armónico.

Los pueblos de la Antigüedad, como los asirios, los griegos e incluso los romanos, acostumbraban untarse el cuerpo con ungüentos y aceites perfumados, pero con el tiempo se pasó al perfumado de zonas más específicas. Los individuos de la sociedad contemporánea, y en particular las mujeres, se perfuman en el llamado “triángulo olfativo”, cuyos vértices son los hombros y la nariz. Por ello, la aplicación del perfume se realiza en la nuca y detrás de las orejas o sólo los lóbulos. También se aplica en el envés de las muñecas y de las rodillas, y en los codos y, en algunas ocasiones, en el canal de los pechos y en el cabello.

Es muy importante no olvidar que los perfumes no huelen igual en una persona que en otra, pues el olor de la piel modifica sus fragancias. Entre los agentes de la piel que actúan modificando el aroma de un perfume figuran la acidez, cuyo grado se determina por su potencial de hidrógeno (pH), la mayor o menor cantidad de grasa, la suavidad o rugosidad, la temperatura, etc. Incluso, el olor de la piel, que depende en gran medida de la alimentación y de la ingesta de alcohol y medicamentos, y que perturba el carácter original del perfume, cambia en una misma persona según las horas del día.

Así mismo, las ropas suelen perfumarse directa o indirectamente. En este caso, los entendidos afirman que las pieles, que tienden a fijar los perfumes durante largo tiempo, combinan con los aromas florales; la lana, con las esencias de vetiver (espinacardo); el cachemir, con el sándalo; y la seda, con las fragancias suaves. Por lo que se refiere a los colores, los que mejor absorben los perfumes son, por orden decreciente, el negro, el azul, el verde, el rojo y el amarillo.

DIFERENTES TIPOS DE CONCENTRACIÓN

Antes de decidirse por una marca determinada, hay que saber qué tipo de concentración se desea. El perfume o extracto es la presentación comercial con la concentración más alta, que oscila entre el 15 y el 30%, según las marcas, de esencia diluida en alcohol de 90º. La concentración de esencia del eau de parfum es menor, del 10 al 15%, diluida también en alcohol de 90º. Se utiliza en mayor cantidad que el extracto, y puede usarse tanto en gotas como en vaporizador.

La concentración de esencia del eau de toilette es del 5 al 10%, diluida en alcohol de 85º. Suele presentarse en frasco vaporizador. El agua de Colonia es la fragancia apropiada para oler ligeramente; es muy poco persistente, ya que el porcentaje de esencia es del 3 al 5%, diluida en alcohol de 70º.

El porcentaje de esencia del eau fraîche es bajo, del 1 al 3%, y está indicada para el deporte y al aire libre. Aunque suele diluirse en alcohol, también hay variedades que no lo contienen. En todos los frascos de perfume se detallan la concentración alcohólica y, ocasionalmente, el porcentaje de esencia; cuanto mayores sean ambos, más intenso y duradero será el aroma.

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CONSEJOS PRÁCTICOS

a) Ponerse unas gotas, o dar un golpecito de vaporizador, en el dorso de la mano.

b) Esperar unos segundos para que se evapore el alcohol y oler para identificar la llamada “nota de cabeza” o de primera impresión.

c) Esperar unos segundos más, y volver a oler para percibir la segunda impresión, que se constatará diferente de la anterior.

d) Aunque probablemente decidirá enseguida si adquiere o no el perfume, horas más tarde comprobará que aún persiste en el dorso de la mano lo que se denomina el “corazón” del perfume.

Perfumado del cuerpo 

  • Aplicarse el perfume en el envés de las muñecas y de las rodillas; detrás de la nuca y de las orejas; en el pliegue de los codos y en las puntas de los cabellos; en el canal de los pechos.
  • No echarse agua de colonia si se está expuesto al sol mucho tiempo.
  • El uso de jabón, desodorante y cremas complementarios de un determinado perfume prolonga su percepción.
  • Una breve vaporización puede prolongar la persistencia de un perfume más de seis horas.
  • No aplicarse simultáneamente dos perfumes diferentes.
  • Los perfumes florales o frescos son idóneos para las horas diurnas.
  • Los perfumes cálidos, refinados y con carácter, como los chipres de madera, son adecuados para las horas nocturnas.
  • Los perfumes de notas frescas, cítricos o ajazminadas, son adecuados para el verano.
  • Los perfumes tenaces y cálidos están indicados para el invierno.
  • El agua de Colonia o lavanda es adecuada para la mujer deportiva o profesional.
  • Para las mujeres pelirrojas suelen ser apropiados los perfumes de aromas estimulantes.
  • Para las mujeres de cabello castaño oscuro suelen ser apropiados los perfumes de aromas narcotizantes.
  • Se aconseja mantener los perfumes guardados en sus cajas o apartados de la luz y el calor directos, ya que una y otro afectan sus propiedades.

 

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FUENTE: “Larousse del perfume y las esencias”

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