Historia de la aromaterapia

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ANTIGUAS CIVILIZACIONES

Las plantas y los aceites aromáticos se han utilizado durante miles de años como incienso, perfumes y cosméticos, así como  aplicaciones médicas y culinarias. Su uso ritual constituía una parte fundamental de las tradiciones de la mayoría de las primeras civilizaciones, en las que sus virtudes religiosas y terapeúticas se entretejieron inextricablemente. Este tipo de práctica está aún vigente.

La literatura védica de la India, hacia el año 2000 a.C., describe unas 700 sustancias, entre las que se incluyen:  canela,  nardo,  jengibre,  mirra, cilantro y  madera de sándalo.

Sin embargo,  las plantas aromáticas se consideraban algo más que simples perfumes; en la lengua Indoaria, “atar” significa humo, viento, olor y esencia, y el Rig Veda codifica su empleo tanto litúrgico como terapeútico. La manera en que está escrito refleja un punto de vista espiritual y filosófico, en el que la Humanidad se considera como parte de la naturaleza y el manejo de las plantas medicinales una tarea sagrada.

objecte_0229a_gEn China tienen asimismo una antigua tradición herbolaria que acompaña la práctica de la acupuntura, cuyo testimonio más antiguo es el Libro imperial amarillo de medicina interna”, que data de más de 2000 años a.C.

Entre los remedios que contiene encontramos diversas plantas aromáticas como el opio y el jengibre que, además de sus aplicaciones terapeúticas, se sabe que eran utilizadas para fines religiosos desde los tiempos más antiguos, como en las ceremonias Li-ki y Tcheou-Li. El alcanfor de Borneo o borneol todavía se emplea en China para fines rituales.

Pero quizá el referente más conocido y variado de los primeros materiales aromáticos está relacionado con el Antiguo Egipto.

Algunos papiros del reinado de Khufu, hacia el año 2800 a.C., recogen el uso de muchas plantas medicinales, mientras que otros papiros escritos alrededor del año 2000 a.C. hablan de “finos aceites y perfumes escogidos, y el incienso de los templos donde todos los dioses se regocijan”. Las gomas y aceites aromáticos como los de cedro y mirra se empleaban en el proceso de embalsamiento; además, los egipcios eran expertos en cosmética y muy renombrados por sus preparados de plantas medicinales y ungüentos.

También tenemos que tener en cuenta que Egipto  hace 5000 años  fue la cuna de la medicina moderna. En el tercer milenio a.C., los antiguos egipcios empezaron a abordar las enfermedades físicas y mentales con un enfoque científico. Poco a poco empezaron a desarrollar tratamientos y técnicas médicas creíbles junto a los remedios mágicos más antiguos. Por el camino sentaron las premisas en las que se fundamentan  diferentes aspectos de la medicina moderna.

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Sellan una farmacopea completa y técnicas de diagnóstico. Funcionaban del mismo modo que la medicina moderna pero en un contexto antiguo con menos tecnología. En ninguna parte se hace más palpable nuestra conexión con el antiguo Egipto que en un quirófano. Existen hallazgos arqueológicos que demuestran que los antiguos egipcios fueron los primeros médicos cirujanos. Los textos médicos más antiguos son del antiguo Egipto: enfoques prácticos y científicocs para tratar las lesiones. Con encabezamiento, descripción, diagnóstico y con instrucciones dirigidas al médico sobre cómo debía diagnosticar la herida en cuestión. Tras el diagnóstico, el tratamiento recomendado.

Estos textos son los precursores de los textos modernos.

La cantidad de conocimientos médicos que descubrieron  les llevaron  a un concepto médico que es relativamente moderno: LA ESPECIALIZACIÓN. Los antiguos médicos egipcios trataban a la persona como un todo: cuerpo, mente y espíritu. Es una idea muy vieja que vuelve a ser una novedad en la medicina moderna.

Los conos que llevaban sobre la cabeza son de incienso y estaban hechos con grasa de buey impregnada en diversos perfumes

 

TESOROS DE ORIENTE

 

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Arabia era conocida por los clásicos como “la Tierra de los perfumes”, que llegaban hasta las costas mediterráneas las caravanas de camellos, que atravesando el desierto, transportaban incienso y las esencias para los mercados de occidente.

Los pueblos musulmanes utilizaban la rosa como base de muchos de sus aromas que para ellos simbolizaba la pureza y la sabiduría. Otros de los aromas clásicos de Oriente son el ámbar y el almizcle.

Las sustancias aromáticas y los perfumes naturales constituyeron una de las primeras mercancías comerciales del mundo antiguo, por su rareza y elevado precio. Cuando los judíos empezaron su éxodo de Egipto hacia Israel, hacia el año 1240 a.C., llevaron muchas gomas y aceites preciosos junto con los conocimientos acerca de su uso. Existen fórmulas antiguas de aceites de  que incluían entre sus ingredientes mirra, canela, cálamo aromático, acacia y aceite de oliva. Son fórmulas que se transmiten a nivel generacional.  El incienso y la mirra siempre han estado muy presentes en diversas culturas religiosas.

Los mercaderes fenicios también exportaron sus aceites esenciales y gomas a la península arábica y gradualmente a toda la región mediterránea, en especial hacia Grecia y Roma. Introdujeron en Occidente las riquezas de Oriente: trajeron el alcanfor de la China, la canela de la India, las gomas de Arabia y las rosas de Siria, asegurándose siempre de mantener sus rutas comerciales celosamente guardadas en secreto.

Los griegos en particular aprendieron mucho de los egipcios e importaron esencias orientales y se conviertieron en grandes maestros en la elaboración de ungüentos y perfumes. En la polis de Atenas, el status social de los perfumistas era bastante alto, y marcaba incluso el rumbo de la moda y la elegancia, por lo que sus tiendas eran muy visitadas. Herodoto y Demócrates, que visitaron Egipto durante el siglo V a.C., transmitieron lo que habían aprendido sobre perfumería y terapias naturales. Herodoto fue el primero en transcribir el método de destilación del aguarrás o trementina, hacia el año 425 a.C., así como en proporcionar información sobre perfumes y sustancias odoríferas. Dioscórides hizo un estudio detallado de las fuentes y los usos de las plantas y los materiales aromáticos empleados por los griegos y romanos, compilado en una materia médica de cinco volúmenes, conocida con el título de  “Herbarius”.

Hipócrates, nacido en Grecia hacia el año 460 a.C. y universalmente venerado como padre de la medicina, también prescribía vapores perfumados y ungüentos; de hecho “de la práctica médica griega deriva el término “iatría”, por el médico que curaba mediante unciones aromáticas”. Uno de los preparados griegos más famosos, elaborado a base de mirra, canela y casia, era conocido como “Megaleion” por su creador Megallus. Al igual que la kyphi egipcia, podía utilizarse tanto como perfume como remedio para la inflamación de la piel y las heridas de guerra.

Los romanos fueron aún más pródigos que los griegos en su uso de perfumes y aceites aromáticos. Al final de la República y primeros siglos del imperio, Roma conoció el “boom” de la cosmética y la perfumería.

Utilizaron tres tipos de perfumes: “ladysmata” o ungüentos sólidos; “stymmata” o aceites esenciales; y “diapasmata” o perfumes en polvo. Los empleaban para perfumar el cabello, el cuerpo, las ropas y el lecho. Empleaban grandes cantidades de aceites esenciales para masajes después del baño. Con la caída del Imperio Romano y el triunfo de la Cristiandad, muchos médicos romanos huyeron  Constantinopla llevando consigo los libros de Galeno, Hipócrates y Dioscórides. Estas obras maestras grecorromanas fueron traducidas al persa, árabe y otras lenguas, y con la caída del Imperio Bizantino, su conocimiento pasó al mundo árabe. Europa, mientas tanto, entraba en los llamados siglos oscuros.

 

ALQUIMIA

Entre los siglos VIIy XIII d.C. el mundo árabe dio muchos grandes hombres de ciencia, entre los que se encuentra Avicena (980-1037).

Este médico y erudito persa de gran talento escribió cerca de cien libros durante su vida, uno de los cuales estaba dedicado íntegramente a la flor más apreciada por el Islam: la rosa. Entre sus descubrimientos se le atribuye la invención del serpentín de refrigeración, un invento decisivo para el arte de la destilación, que utilizó para conseguir aceites esenciales y aguas aromáticas puras.  Sin embargo, en 1975, el doctor Paolo Rovesti dirigió una expedición arqueológica a Pakistán para investigar la antigua civilización del valle del Indo. Allí, en el museo de Taxila, a los pies del Himalaya, encontró perfectamente preservado un aparato de destilación fabricado en terracota. La presencia en el museo de vasos de perfume del mismo período, alrededor del año 3000 a.C., confirmó su uso para la preparación de aceites esenciales. El agua de rosas se convirtió en una de las esencias más conocidas y llegó a Occidente al mismo tiempo que los Cruzados, junto con otras esencias exóticas y el método para su destilación. Hacia el siglo XIII, los perfumes de Arabia ya eran famosos por toda Europa. Durante la Edad Media, los suelos se cubrían de plantas aromáticas y las personas llevaban encima ramitos de hierbas como protección contra las enfermedades infecciosas. Poco a poco, los europeos, a falta de los árboles que producían goma de Oriente, empezaron a experimentar con sus propias plantas, como la lavanda, la salvia y el romero. Hacia el siglo XVI el auga de lavanda y los aceites esenciales denominados “aceites químicos” podían comprarse en la botica y, tras la invención de la imprenta, entre 1470 y 1670 se publicaron numerosos libros sobre plantas, como elGrete Herball”  en el año 1526. Algunos incluían ilustraciones de retuertas y alambiques utilizados para la extracción de los aceites volátiles.

En manos de los filósofos el arte de la destilación se aplicaba a la práctica de la alquimia, la búsqueda ocultista de la transformación de los metales básicos en oro. Inicialmente fue una búsqueda religiosa, en la que los estadios de la destilación eran equiparados con los de una transmutación psíquica. De la misma forma en que una materia aromática podía destilarse para producir una esencia pura, las emociones humanas podían llegar a refinarse hasta revelar su verdadera naturaleza.

 

LA REVOLUCIÓN CIENTÍFICA

Durante todo el Renacimiento, las sustancias aromáticas llenaban las boticas, constituyendo durante muchos siglos la principal protección contra las epidemias. Durante los siglos siguientes los farmaceúticos fueron analizando y registrando las propiedades medicinales y la aplicación de cada vez más aceites esenciales nuevos. La lista incluía tanto los productos aromáticos sólidamente establecidos como cedro, canela, incienso, enebro rosa,  romero, espliego y salvia, como las esencias de ajenjo, cajeput, perifollo, flor de azahar, valeriana y pino.

 

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En 1656, se creó la Hermandad de los Guanteros Perfumistas en Grasse (Francia), la cual  decidió perfumar los guantes de cuero con fuertes fragancias tales como jazmín, ámbar, especias, almizcle y franchipán, de esta forma se podía caminar por la calle, donde las mal olientes aguas servidas corrían por canaletas, poniéndose la mano en la nariz. Durante el período de Luis XIII y luego de Luis XIV (1638-1715) más conocido como el Rey Perfume ( ya que solicitaba a su corte el uso de diferentes perfumes cada día) o también por la de el Rey Sol, esta asociación aprovechó la oportunidad para obtener el monopolio de la producción y distribución de los perfumes, en reemplazo de los drogueros, boticarios, destiladores y alquimistas, quienes hasta esa fecha los habían fabricado. Cuando el negocio de los guantes perfumados declinó en el siglo XVIII, su negocio se transformó exclusivamente en la producción de perfumes creando además pomadas perfumadas de la flor de la naranja obtenida de árboles especialmente plantados en la región para este objetivo.

Francia pasa a ser el imperio de los perfumes, instalándose los primeros laboratorios de perfumistas. Los avances de la química permiten perfeccionar las técnicas hasta ahora usados en la extracción del perfume mediante la destilación.

Las industrias de perfumería  y destilación atrajeron a los hombres ilustrados del momento, y en los países europeos, especialmente en Grasse, surgieron florecientes empresas comerciales. Hacia finales del siglo XVII, la profesión de perfumista se separó de las de otros campos cercanos, estableciéndose una distinción entre los perfumes y las plantas aromáticas, que habían pasado al dominio de la farmacia. La alquimia dió lugar a la química y al interés por la interrelación de la materia y el espíritu, y la interdependencia entre medicina y psicología. También desarrolló la idea de combatir la especulación con la lógica y la deducción. Con la revolución científica de principios del siglo XIX, los químicos identificaron por primera vez los diferentes constituyentes de los aceites y les dieron nombres específicos como geraniol, citronelol y cineol. En el Anuario de Farmacia y memorias de la conferencia farmaceútica inglesa del año 1907, encontramos, por ejemplo:

“Una cantidad de una especie botánica indeterminada ha producido un aceite esencial blanco con olor a trementina… Se ha podido detectar una pequeña cantidad de pineno pero los demás constituyentes todavía no han sido indentificados. Este aceite tiene interés por ser el pimer ejemplo de un aceite esencial derivado de la familia Uricaceae”.

Resulta irónico que estas investigaciones entusiastas sentaran las bases del desarrollo de los aceites sintéticos y de la moderna industria farmaceútica. La fitoterapia médica y los remedios aromáticos perdieron su credibilidad como métodos de tratamiento al tiempo que pasaban de las manos de personas individuales a las de profesionales. Hacia mediados del siglo XX, el papel de los aceites esenciales se había reducido casi completamente a su empleo en perfumes, cosméticos y alimentación.

 

EL NACIMIENTO DE LA AROMATERAPIA

El término “Aromaterapia” fue acuñado por primera vez en el año 1928 por René-Maurice Gattefossé, un químico francés que trabajaba en la empresa perfumera de su familia, quien quedó fascinado por las posibilidades terapeúticas de los aceites tras descubrir, por accidente, que la lavanda curaba con bastante rapidez una grave quemadura que se había hecho en la mano y ayudaba a prevenir las cicatrices. También descubrió que muchos de los aceites esenciales eran más efectivos en su forma íntegra que en la forma de los sustitutivos sintéticos o de sus ingredientes activos aislados. Ya en el año 1904, Cuthbert Hall había demostrado que el poder antiséptico del aceite de eucalipto en su forma natural era superior al de su principal ingrediente activo aislado, el eucaliptol ó cineol. Otro médico y científico francés, el doctor Jean Valnet, utilizó los aceites esenciales como parte de un programa con el que trató con éxito ciertos desórdenes específicos, tanto médicos como psiquiátricos, y cuyos resultados publicó bajo el título de “Aromaterapia”.

 

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La obra de Valnet fue estudiada por Marguerite Maury, quien aplicó sus investigacioens a sus terapias de belleza, en las que se proponía revitalizar a sus clientes creando un “complejo aromático estrictamente personal que adapataba al carácter de la persona y a sus particulares problemas de salud. De aquí que yendo mucho más allá de cualquier simple objetivo estético, las esencias perfumadas, cuando son seleccionadas correctamente, equivalen a muchos agentes medicinales”.

En algunos aspectos la palabra Aromaterapia puede resultar engañosa porque sugiere que se trata de una herramienta curativa que funciona exclusivamente a través del sentido del olfato y sobre las emociones. No se trata sólo de esto, porque además de su olor, cada aceite posee una combinación propia de constituyentes que interactúa directamente con la química corporal, lo cual afecta, a su vez, a determinados órganos en su conjunto. Por ejemplo, cuando se utilizan los aceites externamente en forma de masaje, se absorben fácilmente a través de la piel y se extienden por todo el cuerpo. Esto puede demostrarse frotando un diente de ajo en las plantas de los pies; su contenido en aceites volátiles será transmitido por la sangre y el olor aparecerá en el aliento un poco más tarde. La piel absorbe los diferentes aceites esenciales con distinta intensidad: el eucalipto y tomillo entre 20 y 40 minutos; el anís, la bergamota y el limón entre 40 y 60 minutos; la citronella, pinolavandageranio entre 60 y 80 minutos; el cilantroruda y menta piperita entre 100 y 120 minutos.

Por consiguiente es importante reconocer que los aceites esenciales tienen tres tipos diferentes de acción en relación a cómo interrelacionan con el cuerpo humano: farmacológica, fisiológica y psicológica.

El efecto farmacológico está relacionado con los cambios químicos que tienen lugar cuando un aceite esencial penetra en el flujo sanguíneo y reacciona con las hormonas y enzimas, etc.; el efecto fisiológico se relaciona con la manera en que un aceite esencial afecta al sistema corporal, ya sea sedándolo o estimulándolo, etc.; el efecto psicológico tiene lugar cuando una esencia es inhalada y el individuo responde a su olor. En los primeros dos aspectos, la aromaterapia tiene mucho en común con la tradición de la fitoterapia o medicina a través de las plantas, en otra palabra, no es únicamente el aroma lo importante, sino también la interacción química entre los aceites y el organismo y los cambios físicos que ello ocasiona.

 

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