El árbol, el centro sagrado

EL CENTRO DEL MUNDO

El árbol es la imagen perfecta del centro sagrado, del eje central; a  partir de un punto crece hacia el infinito. De igual modo, la tierra, en puntos clave, irradia su poder.

EL CENTRO SAGRADO

El árbol reúne en sí todos los elementos, el agua que fluye por sus venas y el fuego que encierra su materia y que puede extraerse por frotamiento. La tierra en la que se sumerge y de la cual se nutre y el aire al que se dirige y respira. En el árbol también se encuentran la diferentes realidades y en todos los planos el significado de su aparición es análogo. Se encuentra en la esencia de la vida, entre la materia y el espíritu, entre dios y los hombres. Ya sea en la mitología, tradición más o menos profana o espiritual, en el mundo cotidiano, en un sueño o en una visión enviada por el Gran Espíritu, el árbol se yergue lleno de fuerza en el centro del mundo; y a él hemos de acudir cuando nuestro mundo cotidiano se debilita. A través del árbol pasan y se cruzan los senderos que nos permiten alcanzar infinitud de realidades y universos.

El árbol mítico o simbólico vive en el corazón de la nación, en el centro del mundo; alimenta el espíritu de la tribu. De su vigor, de la comprensión adecuada del símbolo, de su transmisión a las nuevas generaciones, de la vida en suma que el árbol tiene dentro de la nación, depende la propia salud de la misma en todos los planos. El hombre evoca y da vida al árbol a través de su pensamiento, del arte, de los cuentos que lo mentan en torno a la hoguera. También puede experimentarlo individualmente, llegar a vislumbrar a este ser espléndido y majestuoso. El camino es arduo y exige la pureza del hombre, la libertad de las trabas del miedo y de la ambición. Un sueño o una revelación pueden conducirnos a su presencia, en el lugar donde brota la vida, la luz, la paz. Quien lo encuentra, de algún modo sufre una renovación que ayudará a la evolución y regeneración de la “tribu”.

También en el centro único del mundo viven otros árboles o postes como los que se utilizan en los rituales chamánicos y que sirven para ascender a los cielos y recoger el poder y la sabiduría. O los árboles sagrados que crecen en el centro de la nación, en la plaza del pueblo, junto a la iglesia o en el patio de casa.  Todos ellos participan del espíritu, del gran árbol del mundo y tienen idéntica función. Protegen y cobijan a los hombres, son guardianes del espíritu y vitalidad del lugar y, desde luego, viven en centros sagrados mucho más accesibles.

EN  EL OMBLIGO DEL MUNDO, EL ÁRBOL

En la mitología nórdica, Yggdrassil, es el árbol que sostiene y contiene en sí todas las fuerzas del universo. Sin el soporte de este gran fresno el mundo se desintegraría, ya que sus ramas se extienden hasta los  confines del firmamento y sus raíces penetran hasta lo más profundo de la tierra. El propio Odín acude a su pie para consultar la fuente de la sabiduría y ata allí su corcel.

Igualmente, los dioses de los altaicos atan sus caballos al poste cósmico alrededor del cual gira la bóveda celeste. Para este pueblo, es un abeto gigante el que crece en el ombligo de la tierra y sus ramas llegan hasta la morada de Bai-Ulgän (el reino celeste). Asímismo, Vastugan, el árbol cósmico de los ostiaks, atraviesa las regiones celestes y se hunde en las profundidades de la tierra. 

En la mitología rusa, el árbol crece en el centro del mundo y, al igual que la montaña, une el cielo y la tierra y permite a los hombres recibir la fuerza celeste subiendo a ellos. Algunos relatos rusos y de otros países cuentan cómo el árbol crece elevando a quien lo planta, o en medio de la cabaña en la que cae la semilla, y vertiginosamente se eleva hasta el mismo cielo, a veces con la cabaña sobre su copa. En estos casos, en la cúspide del árbol suele haber dones preciosos o moradas mágicas.

En otras muchas concepciones o visiones del mundo, el árbol está arraigado en el centro del universo, guardando el perfecto equilibrio entre el cielo, la tierra y los cuatro poderes del mundo (cuatro vientos, cuatro direcciones, cuatro estaciones …). Estas fuerzas no son sólo mito, son reales y tangibles para quien las percibe por permanecer en contacto íntimo y consciente con la naturaleza. De igual forma actúan sobre quien las ignora, y esta ignorancia nos pone a merced de ellas, como si fuéramos una barca sin timón.

Entre los iroqueses, el árbol de la paz es un gran pino blanco. El Hacedor de la paz (profeta de este pueblo) enterró bajo sus raíces las armas de guerra. En la cúspide está posada el águila, guardián de la confederación iroquesa; cuatro raíces blancas de la paz se extienden en las cuatro direcciones. Por estas raíces, dice la tradición, los pueblos del mundo pueden trazar sus orígenes y pedir amparo bajo la ley de la paz. Según la antigua ley, los sesenta jefes del consejo tradicional iroqués se reúnen alrededor del árbol sagrado y hacen un círculo juntando sus brazos y se comprometen a no dejarlo caer nunca. Estos jefes están elegidos por los ancianos de los diversos clanes, deben estar casados y con hijos, nunca haber cometido crimen de violencia contra mujer o niño y nunca haber matado a otro hombre.

EL ÁRBOL TOTEM

Como el árbol de la vida, el tótem es el corazón del poblado, a su alrededor se organizan fiestas, reuniones, danzas y ceremonias. El mástil central de la Danza del Sol de los indios crow representa el árbol de la vida, el eje del mundo que atraviesa los tres niveles, simbolizados por tres anillos pintados alrededor de este madero. El círculo inferior es la tierra; el intermedio, el horizonte, los cuatro puntos cardinales, el alma; el superior es el círculo celeste, el espíritu, la pureza.

“En este nuevo rito que acabo de recibir; uno de los pueblos que están siempre de pie ha sido escogido para estar en nuestro centro: es el wagachum, el árbol susurrante o álamo; él será nuestro centro, pues, ¿no se eleva el árbol desde la tierra hasta el cielo? Esta nueva manera de enviar nuestras voces al gran Espíritu será muy poderosa”  (J.E. Brown, ” La pipa sagrada”)

Así es como cada pueblo elige su árbol tótem y lo planta en su centro sagrado. El drago canario, el olmo castellano, el roble vasco, el tejo asturiano, el abedul de las regiones siberianas, el ginkgo chino, son algunos de los más claros ejemplos. Esta elección se ha realizado desde tiempos inmemorables, en razón de la cercanía de cada especie o de una revelación que nos muestra el camino, pero sobre todo a causa del anhelo que un árbol determinado despierta en una nación. Existe un hermanamiento natural entre el árbol y su pueblo. Ambos encuentran en el otro su ideal, se atraen y complementan, y se establece así una amorosa relación que, en ocasiones, ha pervivido hasta nuestros días, donde aún es posible encontrar paisanos astures que van expresamente al monte a por un retoño de tejo por el simple placer de verlo crecer junto a su casa.

Este ritual, que al menos en la actualidad nada tiene de ceremonioso, es una forma de acercamiento al centro sagrado. Una casa junto a un árbol tótem, tiene algo de templo y sus habitantes adquieren de este modo las bendiciones del árbol y del lugar. De esta forma, los hombres crecen en presencia de su árbol y germina de alguna manera

FUENTE: “LA MAGIA DE LOS ÁRBOLES”, Simbolismo. Mitos y tradiciones. Plantación y cuidados

AUTOR: IGNACIO ABELLA

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