Belleza natural: la piel

 

LA PIEL

Robert Tisserand en “El arte de la aromaterapia” nos dice que el estado del cuerpo se ve afectado por el de la mente. La piel no es ninguna excepción; de hecho, la piel de la cara constituye probablemente el reflejo más claro de nuestro estado mental, pasado y actual. Con el paso de los años dejan su señal la pena, la depresión, la ansiedad, el asco, el miedo y la apatía, lo mismo que la alegría, las carcajadas, la ternura y la satisfacción. La cara es el espejo de nuestra vida pasada. Hay un mundo de diferencia entre una cara anciana llena de arrugas que ostenta el sello de la felicidad y otra que no retrata nada más que la tristeza y la derrota. Esa diferencia puede situarse entre alguien que ha llevado una vida fácil y otra persona que se ha visto acosada por la mala suerte, o entre un optimista y un pesimista, no tanto referente a lo que le ocurre a uno como a su modo de reaccioanar ante ello. En este estado mental, ya sea feliz o triste, lo que resplandece con tal claridad es nuestro rostro. La paz interior y la felicidad le prestan incluso a los rasgos faciales más ordinarios una viveza, una lozanía, que no pueden fingir ningún maquillaje o cuidado facial. El ejemplo más patente es el de la persona con acné: se siente tan violenta por su aspecto que llega a ponerse interiormente tensa y nerviosa, come cualquier cosa que tiene a mano y alimenta así un círculo vicioso que le impide mejorar.

Esas mismas tendencias destructoras de la pena, la depresión, etc., constituyen factores psicológicos del mal estado físico y por lo mismo afectan indirectamente el estado de la piel de la persona. Una aflicción excesiva puede afectar al corazón, lo que a su vez puede causar la aparición de un enrojecimiento o inflamación -no sangra el corazón, lo hacen los capilares-. Esto no quiere decir que en enrojecimiento o las roturas de venas sean siempre resultado de la pena, pero es evidente que el estado del corazón y los vasos sanguíneos afectan al enrojecimiento o cianosis de la piel. Los aceites de azahar, espliego y sándalo son los más útiles a este respecto, al ejercer una influencia tranquilizadora, calmante y alentadora en la piel, la mente y el cuerpo entero.

La ira y la frustración afectan al hígado: inhiben su múltiple función. El resultado puede ser una mala asimilación del alimento; se come lo suficiente, pero el organismo no asimila la proporción necesaria del alimento digerido. Esto se traduce a menudo en una piel seca. Los aceites de rosa, ylang-ylang y romero ayudan a corregir el desequilibrio de la relación mente/cuerpo, mientras que los de rosa, sándalo y manzanilla ayudarán más directamente a la piel. Al administrar tratamiento a cualquier tipo de digestión defectuosa recuerde que la mayor parte del proceso de la digestión se efectúa en el intestino delgado y no en el estómago, que los enzimas digestivos se producen en la vesícula biliar y el páncreas (o sea, que el defecto puede residir en uno de ellos), y que la digestión empieza en la boca. El enzima de la saliva (ptialina) convierte el almidón cocido en azúcar, por lo que las personas que tengan problemas digestivos tienen que masticar bastante, especialmente los cereales, patatas, pan, etc. La mala asimilación es básicamente un problema del hígado, que desempeña un papel crucial en el metabolismo de las proteínas, grasas y los hidratos de carbono. Produce además la bilis, segregada por la vesícula biliar, que ayuda a la digestión de las grasas. Cualquier forma de alcohol debe ser evitada, tanto por vía interna como externa.

La ira y la frustración afectan a otros órganos además del hígado, del mismo modo que la pena puede afectar no sólo al corazón. Hay tantos síndromes diferentes como matices emocionales. ¿Sabe por qué se le seca la boca cuando se lleva un susto?: la deshidratación de la piel está asociada al miedo la mayoría de las veces, lo que se correlaciona con los riñones y la vejiga. Son los riñonees los que regulan la cantidad de agua existente en el cuerpo que, a su vez, afecta al contenido de auga de la piel. Una piel deshidratada puede delatar un cuerpo deshidratado, lo que puede deberse a una ingestión insuficiente de líquido o un mal funcionamiento renal. Las principales esencias que se emplean en este síndrome son el amaro, el geranio y el sándalo. Pueden tenerse en cuenta también factores ambientales, pero como todos tenemos que hacer frente a unas condiciones climáticas y atmosféricas muy similares, el primer factor que hay que considerar es el estado individual de la piel.

La piel grasa suele relacionarse fisiológicamente con el intestino grueso y emocionalmente con la preocupación. Todos nosotros nos preocupamos hasta cierto punto, pero los aprensivos de veras suelen comer demasiado, elegir alimentos indebidos, especialmente chocolates, y tomar demasiado café. Y probablemente sufren estreñimiento también debido a la tensión producida por cavilar y preocuparse todo el tiempo. Con frecuencia es muy difícil convencer a estas personas para que observen una dieta, pero es importante en extremo que lo hagan. Los aceites de espliego, limón y geranio les ayudarán a controlar su situación, pero un cambio de dieta es casi siempre de rigor para obtener una mejoría real. Madame Maury tenía la costumbre de emplear una mezcla de manzanilla, albahaca y sándalo como tratamiento sistemático de una piel grasa y congestionada.

El otro tipo de piel, íntimamente vinculado con la piel grasa -como la seca lo está con la deshidratada-, es la piel desvaída. Se debe también a una congestión y se traduce en hinchazones. Las personas obesas tienen a menudo la piel desvaída. Este tipo de piel está correlacionado con el bazo, el sistema linfático y la emoción admirativa y compasiva. Se trata de personas lentas, crédulas, prestas siempre a ayudar cuando no se necesita su ayuda. En su caso está indicado el empleo de aceite de espliego, romero y enebro.

Para completaar nuestro vistazo a los efectos de los aceites esenciales de la piel mencionaremos los astringentes, como el ciprés y el incienso, de mucha utilidad curativa cuando la piel está “accidentada”, como en el caso del acné y para frenar la secreción de sebo (seborrea) de la piel grasa. Como antisépticos son de mucho valor en los casos de acné y de seborrea infectada (bergamota, enebro, espliego). Los mismos aceites se pueden emplear en la seborrea del cuero cabelludo, que puede manifestarse en forma de pelo graso o caspa. El efecto antiséptico se relaciona además con su empleo como desodorantes, pues no sólo disimulan el olor del cuerpo, sino que inhiben el desarrollo de la bacterias que lo causan (bergamota, espliego, ciprés).

Podríamos mencionar también los opuestos efectos de la estimulación y la sedación, relacionados también con la acción de las esencias sobre el sistema nervioso. El hecho de que una esencia ejerza un efecto dado por vía interna en el organismo no implica necesariamente que tenga el mismo efecto al aplicarla a la piel, aunque éste suele ser el caso general.

La mayoría de los aceites esenciales estimulan, o si se prefiere la palabra, irritan la piel en distinto grado. Los aceites muy irritantes, como los de mostaza y gaulteria, pueden ocasionar ampollas o escoceduras. La mayoría de los aceites ejercen un efecto irritante relativamente suave, y si se los diluye lo sufiente, su acción es benéfica y no hacen ningún daño. Sin embargo, si se emplean aceites como los del alcanfor o eucalipto puros, pueden causar una irritación. Si se emplean en una piel ya inflamada, el resultado puede distar de ser favorable. Por ese motivo no es prudente emplear los aceites puros sobre la piel. Ya diluidos, el efecto estimulante de aceites como el del enebro y el alcanfor se traduce en un incremento de la circulación sanguínea local, cosa particularmente benéfica en las afecciones cutáneas por congestión o intoxicación que dan por resultado el acné y la piel grasa o hidratada. De todas maneras, los estimulantes deben temperarse con emolientes cuando hay inflamación, caso muy frecuente en el acné.

El efecto emolientte y refrescante de aceites como los de manzanilla y rosa son beneficiosos en todas las situaciones inflamatorias de la piel. La inflamación se debe normalmente a una infección o una toxicidad general. Esos aceites pueden emplearse también en pieles sensibles y siempre que exista enrojecimiento o irritación. En el caso de enrojecimiento debido a hipersensibilización o ruptura de venas, el aceite de ciprés debe ir combinado con la acción sedante del de azahar. El efecto de algunos aceites en la sangre, la linfa y las células de la dermis tiene también un protagonismo importante en su acción rejuvenedora general. Podemos mencionar en este contexto los de incienso, mirra, lavanda y azahar.

En términos generales, no se deben emplear en la piel esencias sin diluir, muy caras, poco económicas y que no le harían ningún bien a la piel, excepto en aquellos casos en que se emplea como perfume una cantidad muy pequeña de esas esencias.

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