Feromonas (I)

¿Qué son las feromonas?

Un sin número de personas seguramente se habrán preguntado en algún momento por qué atraen o son atraídas por el sexo opuesto de manera inconsciente o sin explicación aparente. La explicación a este tipo de fenómeno puede tomarse de muchos studios científicos llevados a cabo por un grupo de investigadores que, junto con la doctora Cutler, especialista en el comportamiento humano, encontraron en 1986 que el ser humano libera una feromona. Mas ¿qué son las feromonas? Son sustancias químicas que actúan como señales.

Tales feromonas se han conocido por mucho tiempo en los animales como olores que atraen al otro sexo. Los estudios recientes de Cutler demuestran que las mujeres son afectadas por las feromonas de hombres y mujeres. La mujer que sufre de menstruación irregular puede ajustar sus ciclos con sólo inhalar la esencia masculina, en tanto que al inhalar la esencia femenina menstrua en el mismo tiempo.

Al igual que los demás seres vivos, el ser humano segrega feromonas que son producidas de manera natural para comunicar ya sea su estado de ánimo y salud o para indicar su disponibilidad o compatibilidad sexual. Los estudios llevados a cabo en los seres humanos sobre esta señal química nacen a partir de las exitosas investigaciones que se han realizado desde hace algunos años en los insectos. Un reconocido investigador, el doctor J.H. Fabre, narra que una noche de mayo, estando en casa, apareció una hembra de una gran mariposa, la Saturnia pyri, que se nutre de diversas especies forestales; ocho días después había capturado a 150 machos de la misma especie que llegaron a su cuarto atraídos desde varios kilómetros de distancia.

Esto lo llevó a pensar que las hembras emiten un olor que los machos detectan a través de sus finas antenas. En comparación con el ser humano, ello equivaldría a que una mujer madura liberara toda su esencia femenina en una habitación y que al cabo de un tiempo un gran número de hombres la rodeara tratando de cortejarla, y todo gracias a su sentido del olfato. Sin embargo, nos es imposible hacerlo porque perdimos la facultad de percibir las feromonas emitidas por nuestra propia especie, o no la hemos desarrollado como otros animales. Muchos otros mamíferos utilizan un conjunto separado de células receptoras sensoriales que tienen en la nariz para percibir diferentes tipos de información, como es el caso de especies tan distintas como los ratones, alces o leones.

Las feromonas se definen de acuerdo al área de conocimiento en que nos ubiquemos. En 1959, los doctores Karlson y Lüscher fueron los primeros en sugerir y definir la palabra feromona, que proviene del griego y que significa “llevar excitación”. Las feromonas consisten en sustancias químicas excretadas o secretadas por un animal que provocan una reacción específica; por ejemplo, un comportamiento definido o un desarrollo determinado.

Volvamos al ejemplo antes mencionado de la mujer en una habitación, pero ahora coloquemos en esta a las hembras de la mariposa del gusano de seda (Bombyx mori) y a sus respectivos machos en busca de una pareja sexualmente disponible. En este caso, las hembras liberan a la atmósfera circundante por medio de una glándula una pequeñísima cantidad de la feromona (nanogramos o milmillonésima parte de un gramo) llamada bombykol, que contiene una infinidad de compuestos
químicos. El macho posee unas antenas muy especializadas que tienen miles de sénsulos o vellosidades (17 mil, para ser exactos) que le permiten detectar o advertir la feromona liberada.

Después de un tiempo determinado, de haber recorrido una distancia considerable y superado numerosos obstáculos, los machos arribarán al punto exacto donde se localiza la hembra, comenzando el cortejo mediante un aleteo que semeja una danza. Lewis Thomas ha calculado que si una hembra liberara todo el bombykol concentrado en su glándula, atraería a un trillón de machos en un instante. Haciendo la analogía con la mujer, imaginen la competencia que tendría un hombre.
Los compuestos químicos involucrados en la comunicación entre los animales son ahora conocidos como “semioquímicos”, los cuales se dividen en feromonas y aleloquímicos. Las feromonas, como ya hemos explicado, son sustancias que influyen en individuos de la misma especie y que pueden regular la maduración sexual, desarrollo o estado fisiológico, o pueden servir como un sistema de alarma para la reproducción sexual, la agregación de los individuos, el marcaje territorial o de ruta o sendero. Por otro lado, los aleloquímicos son de carácter interespecífico, es decir, actúan en individuos de especies diferentes, y pueden resultar benéficas al receptor o al emisor. Así, algunas larvas de mariposas liberan o secretan sustancias químicas que ayudan a repeler a alguna clase de depredador, como las aves, obteniendo un beneficio; sin embargo, esa misma sustancia puede ser utilizada por parasitoides, un enemigo natural que se alimenta de las larvas para poder dar paso a la siguiente generación.

Como podemos ver, para que las feromonas cumplan su razón de ser en la naturaleza como parte de los seres vivos se necesita de un emisor que la libere a la atmósfera, de que el aire la lleve y de que transmita un mensaje a un receptor potencial que se encuentra a corta o larga distancia de la fuente, formándose así el canal de comunicación entre los individuos. Vale la pena apuntar que los insectos son organismos muy evolucionados, por lo que tienen una comunicación sumamente compleja. En el caso de la abeja reina (Apis mellifera), hasta el momento se han encontrado diez clases de feromonas que le sirven para comunicarse con la colmena. Este tipo de información es de vital importancia para el hombre, toda vez que lo emplea para su propio beneficio; por ejemplo, puede usar las feromonas para sustituir a la reina en la construcción de nuevas colmenas o para la cría de nuevas reinas. Finalmente, el conocimiento de las feromonas puede ayudar a mejorar la relación entre los individuos mediante su adecuada regulación y uso.

César Ruiz Montiel

Para el lector interesado
Blum, M.S. (1992). Honey bee pheromones. En The hive and the honey bee (pp. 385-389).
Hamilton, Ill: Dadant and Sons.
Winston, M.L. y Slessor, K.N. (1992). The essence of royalty: honey beequeen pheromone. American Scientist, 80, 374-385

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