DECIR NUESTRA VERDAD

He llegado a comprender que la ciencia médica, si se combina con la sabiduría de nuestro corazón y nuestra mente, es una medicina verdaderamente poderosa. Y ese es el motivo de que casi tan pronto como se publicó este libro sentí la necesidad de revisarlo. Aunque nada puede reemplazar el desarrollo y el perfeccionamiento de nuestra sabiduría intuitiva femenina, es decir, esa guía interior que nos ayuda a decidir qué caminos tomar y cuáles evitar, he descubierto que esta guía interior funciona mejor cuando está equilibrada con una buena información, sólida y puesta al día.

Y si bien los principios de la verdadera sabiduría no cambian mucho con el tiempo, la información útil y práctica si cambia. Necesitamos ambas cosas, tal como necesitamos los dos hemisferios cerebrales, el izquierdo y el derecho. Y con la aceptación cada vez mayor de la medicina alternativa en la corriente principal de la cultura (fenómeno que todavía me sorprende y me encanta), cada día hay más soluciones naturales para los problemas femeninos de salud documentados científicamente.

Este libro se usa como texto de estudio en escuelas de enfermería y hospitales de todo el país, y esto sirve para que la sabiduría femenina cobre velocidad e impulso. He comprendido el poder que tiene decir mi verdad personal. Esto ha sido una parte muy importante en mi proceso de curación. Y he salido de él sintiéndome más fuerte y más libre que nunca. Espero que este libro estimule a otras mujeres a decir también su verdad personal. Sé que cuando cada una hace esto, el mundo y nuestra salud mejoran.

EL MITO PATRIARCAL: EL ORIGEN DE LA DIVISIÓN MENTE / CUERPO / EMOCIÓN

La conciencia crea el cuerpo, pura y simplemente. La conciencia no está sólo en la cabeza; es mucho más vasta que nuestros cerebros y cuerpos y existe más allá del tiempo y el espacio. Pero en un plano práctico, cotidiano, la conciencia es esa parte de nosotros que elige y dirige nuestros pensamientos. Los pensamientos que son optimistas, positivos y amorosos crean bioquímica y células sanas, mientras que los pensamientos que son destructivos, hacia nosotros o los demás, hacen exactamente lo contrario. Nacemos con amor y aceptación innatos de nuestros cuerpos. Con el tiempo, los pensamientos habituales y las creencias que guían nuestro comportamiento modelan nuestros cuerpos y estados de salud. Para mejorar la vida y la salud debemos reconocer la unidad sin solución de continuidad entre nuestras creencias, comportamientos y cuerpos físicos. Entonces debemos examinar con ojo crítico y cambiar las creencias y suposiciones erosivas para la salud que inconscientemente hemos heredado de nuestros padres y nuestra cultura y hemos interiorizado.

NUESTRA HERENCIA CULTURAL

La civilización occidental se caracteriza por la creencia de que el intelecto es superior a las emociones, que la mente y el espíritu son superiores al cuerpo y están totalmentte separados de él, y que la masculinidad es superior a la feminidad. También, durante los cinco mil últimos años, se ha apoyado en el mito del patriarcado, la autoridad de hombres y padres. Riane Eisler, historiadora de la cultura, llama a esto modalidad del dominador. Si, como dice Jamake Highwater, «todas las creencias y actividades humanas nacen de una mitología subyacente», entonces es fácil deducir que si nuestra cultura está totalmente «regida por el padre», nuestra visión del cuerpo femenino e incluso nuestro sistema médico también siguen leyes de orientación masculina. Sin embargo el patriarcado es sólo uno de los muchos sistemas de organización social posibles.

Incluso así, no seremos capaces de crear otro tipo de organización social mientras no nos sanemos dentro de la cultura en que estamos. He estado incontables veces en la sala de partos cuando nace una niña, y la mujer que la ha dado a luz, mira a su marido y le dice: «Lo siento, cariño». ¡ Le pide disculpas porque el bebé no es un varón!. Es terrible presenciar cómo se rechaza a sí misma la madre al pedir disculpas por el producto de sus nueve meses de gestación, la labor del parto y el parto. Sin embargo, cuando nació mi segunda hija, me horroricé al oír surgir en mi cerebero esas mismas palabras de disculpa a mi marido, provenientes del inconsciente colectivo de la raza humana. No las dije en voz alta, pero aparecieron en mi cabeza, con absoluta espontaneidad. Entonces comprendí qué antiguo y qué arraigado está este rechazo de lo femenino tanto en los hombres como en las mujeres. También sé que esto está cambiando.

De todos modos, nuestra cultura da a las niñas el mensaje de que su cuerpo, su vida y su feminidad exigen pedir disculpas. ¿Has notado con qué frecuencia pedimos disculpas las mujeres?.

En lugar de aprender a prestar atención a los genios de nuestra intuición y guía interior, interiorizamos la creencia de que no valemos bastante, no somos lo bastante inteligentes o guapas para llevar una vida de libertad, alegría y satisfacción.

Sea lo que llamemos patriarcado, sistema adictivo, sociedad modelo dominador o división mente / cuerpo, está clarísimo que la manera como funciona nuestra sociedad es dañina para hombres y mujeres (los hombres mueren un promedio de siete años antes que las mujeres), y que los dos sexos participan totalmente en su continuación. Sin embargo, lo bueno es que cuando reconocemos y liberamos nuestro dolor emocional, conectamos inmediatamente con nuestros sentimientos y sistema de orientación o guía interior. Nuestro intelecto y nuestros pensamientos pueden entonces asumir su papel legítimo: servir a nuestros corazones y a nuestro conocimiento más profundo, y no al revés. Entonces puede ocurrir la curación. Este cambio tiene por consecuencia un nuevo tipo de actitud y sabiduría médicas que nos sirve para conectar con el mensaje que hay detrás de nuestro dolor, como primer paso para sanar.

CREENCIAS FUNDAMENTALES DEL SISTEMA DOMINADOR

Te animo a hacer un intento por comprender de qué modo participas en las creencias y comportamientos característicos de una sociedad modelo dominador. Cuando tomes más conciencia de tu papel en este bucle de interacciones y cambies tus pensamientos y pautas de comportamiento, mejorarán tu salud como persona y nuestra salud como sociedad. Comprueba si te suenan como ciertas las siguientes descripciones de las actividades de nuestra cultura con respecto a la mujer y la salud. Podrían servirte para ser más consciente de tu cuerpo y de tus problemas de salud.

Primera creencia: la enfermedad es el enemigo

Las sociedades de modelo dominador han sido correctamente definidas como sociedades que están preparándose para la guerra o recuperándose de una. Estas sociedades elevan los valores de la destrucción y la violencia por encima de los valores del sustento y la paz. Sólo tenemos que mirar lo que gasta nuestra sociedad en armamentos y defensa para ver dónde están sus valores, dado que la cantidad de dinero que gasta una sociedad en algo es una medida el valor que tiene ese algo en esa sociedad.

No es por error que el sistema médico establecido explica nuestro cuerpo no como un sistema diseñado homeostáticamente para tender a la salud, sino más bien como una zona de guerra. La predilección médica moderna por los medicamentos y la cirugía para tratar la enfermedad nace directamente, sin solución de continuidad, de la ideología de nuestra cultura. Aquello que es natural y no tóxico se considera inferior a la «artillería pesada» de los fármacos, la quimioterapia y la radioterapia. Los métodos de tratamiento naturales no medicamentosos, cuyos beneficios están bien estudiados y documentados, como el masaje, el toque terapeútico y la oración, se ignoran en el peor de los casos, o se toleran como «probablemente no dañinos» en el mejor.

Nuestra cultura subordina el cuerpo al cerebro y a los dictados de la razón. Con frecuencia nos enseña a no hacer caso del cansancio, del hambre, de la incomodidad, o de nuestra necesidad de atención y cariño. Nos condiciona a considerar el cuerpo como un adversario, sobre todo cuando nos da mensajes que no queremos oír.

Segunda creencia: la ciencia médica es omnipotente

Se nos ha enseñado que nuestro sistema de atención sanitaria nos ha de conservar sanos. Estamos condicionados socialmente a acudir a los médicos cuando nos preocupa algo de nuestro cuerpo y nuestra salud. Se nos ha inculcado el mito de los dioses médicos, que los médicos saben más que nosotros sobre nuestro cuerpo, que el experto tiene la cura. Ahora bien, cada mujer sabe más de sí misma que cualquier otra persona.

La ambivalencia de la mujer hacia su cuerpo y su propio juicio la perjudica psíquicamente.

Sea como fuere, la mayoría  de las mujeres están entrenadas para buscar las soluciones fuera de ellas, porque vivimos en una sociedad en la cual los supuestos expertos desafían y subordinan nuestro juicio, una sociedad en la cual no se respeta, no se alienta e incluso no se reconoce nuestra capacidad para sanar o estar sanas sin ayuda externa constante.

La propia medicina tiene un enfoque muy patológico. Los científicos rara vez estudian a las personas sanas, y cuando personas que sufren alguna enfermedad crónica o mortal se recuperan completamente, desafiando los pronósticos médicos estadísticos, los profesionales de la salud suelen creer que había algún error en sus diagnósticos, en lugar de investigar por qué esas personas se han recuperado tan bien.

Tercera creencia: el cuerpo femenino es anormal

Dado que ser hombre siempre se ha considerado la norma en nuestra cultura, la mayoría de las mujeres interiorizan la idea de que hay algo que está fundamentalmente «mal» en su cuerpo. Se las induce a creer que deben controlar muchos aspectos de su cuerpo y que sus olores y formas naturales son inaceptables. Han sido condicionadas a pensar que su cuerpo es esencialmente sucio, que requiere una constante vigilancia de su limpieza y su «frescura», para no «ofender». Por naturaleza, las mujeres tenemos más grasa corporal que los hombres. Además, dada la mejor alimentación en las últimas décadas, en la actualidad somos también más voluminosas que nuestras madres y abuelas.

Nuestra cultura teme todos los procesos naturales: nacer, morir, sanar, vivir. Diariamente se nos enseña a tener miedo. Dado que nuestra cultura venera la ciencia y cree que es «objetiva», pensamos que todo lo que lleva la etiqueta de «científico» tiene que ser cierto. Creemos que la ciencia nos va a salvar. Pero la ciencia, tal como se practica en la actualidad, es un edificio construido con todos los prejuicios de la cultura en general. En realidad, no existe el dato «totalmente objetivo»; el sesgo cultural determina a cuáles estudios de investigación hemos de creer y a cuáles no hemos de hacer caso.

Muchas de las intervencioes médicas que se realizan rutinariamente en el cuerpo femenino, no se basan en absoluto en datos científicos, sino que tienen su raíz en los prejuicios contra la sabiduría y el poder curativo innatos del cuerpo.

FUENTE:

«CUERPO DE MUJER, SABIDURÍA DE MUJER» * Dra. Christiane Northrup

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