EL SENDERO PRIMIGENIO DE LA SANACIÓN: LA NATURALEZA

El hombre siempre ha encontrado en la Naturaleza sus remedios. Mediante la observación y muchas veces desde la perspectiva ensayo-error. Como cuando preparas un perfume y hacemos pruebas. Hay aromas que combinan mejor entre sí. Hasta que creamos un aroma acorde a nuestra idea, estamos haciendo pruebas.

Y en el caso del hombre en la Antigüedad se trataba, en primera instancia de salud y de supervivencia. El hombre primitivo, como decimos, se fijaba en el medio ambiente. Esta observación de su entorno -teniendo en cuenta que vivía en una sociedad cazadora-recolectora y otras cualidades, como el olfato, hacía que estuviesen preparados para actuar lo más rápido posible. De esta manera se desarrolla el conocimiento del entorno: plantas comestibles y/o medicinales, encontrar agua, predecir el tiempo … Vivían en armonía con la naturaleza ya que el hombre no producía apenas un impacto considerable de ninguna índole en la Madre Tierra.

Y también, en la observación de un@ mism@, que lo hemos heredado géneticamente a través de los siglos. Una parte más de nuestra herencia. El recuperar la intuición ancestral que tenemos -que nos viene de serie, sin que suene metálico y frío- y hemos perdido en esta rutina diaria como puede ser el maravilloso y valiosísimo sentido del olfato.

Por ejemplo, cuando no me encuentro bién no tengo por costumbre ingerir alimentos. Espero unas horas. Bebo agua en pequeñas cantidades para que el cuerpo no se deshidrate y de esta manera facilitar al campo energético la transferencia natural de energía. Y descanso. Este protocolo -lo llamo así porque para mí es parte de lo que hago en estos casos- no lo he leído en ningún sitio ni nadie me ha dado esta información. Lo hago siguiendo una «intuición» que supongo he heredado de mis ancestras. Eso sí, en mi caso, empleando más herramientas como la aromaterapia a través de los aceites esenciales … Le dejo al cuerpo que sane él sólo. Con esto quiero decir que lo que pongo en mi cuerpo -tanto por vía externa como interna- es heredado de la tierra, de la naturaleza. 

Supongo que esto puede ser una pequeñísima parte de lo que llevamos en los genes y en la sangre como resultado de ese aprendizaje del día a día siempre teniendo en cuenta qué es lo que nos sienta mejor en cada momento y en cada situación de nuestra vida diaria. 

Antiguamente, la medicina era una medicina – a mí me gusta llamarla ACOMPAÑAMIENTO- era PERSONALIZADA ya que, en un principio, los remedios para las enfermedades se buscaban en la magia y en la religión, ya que muchas veces las enfermedades se consideraban castigos que los dioses mandaban al hombre por alguna ofensa moral, un delito … A pesar de esto, siempre hubo un «especialista» en las distintas artes curativas.

Estos expertos -médicos- observaban los síntomas del paciente, los agrupaban por enfermedades y aplicaban los tratamientos farmacológicos basados en las mezclas, preparados a base de sustancias vegetales y minerales que se diluían en agua, leche, cerveza … La cirugía se empleaba excepcionalmente, en oftalmología sobre todo. Además el médico tomaba el pulso del paciente, la temperatura a través del contacto con la mano, palpaba en cuerpo, olía su aliento y examinaba su orina, anotando los síntomas. Ya empezaban a trabajar con el diagnóstico del paciente. Por ejemplo, en Mesopotamia utilizaban semillas, raíces, tallos, cortezas y sustancias procedentes del mirto, el cedro, la palmera datilera, higuera o sauce.

Hipócrates era un defensor de la medicina personalizada y estaba a favor de la individualidad de la enfermedad y la necesidad de dar diferentes drogas a distintos pacientes, ya que no todas las personas aceptan igual los medicamentos y en todos no tiene el mismo efecto.

Hoy en día, las instituciones tienen cada vez más información nuestra y todos los días sale algún estudio científico nuevo. Cada persona tiene su historial clínico detallado. Este «checking» nos dá la pauta del estado de salud de la persona. A priori, este examen minucioso es una carta de presentación Hasta aquí puede parecer que todo está muy bién.

Pero hay otra realidad latente que no se muestra de una forma transparente a la gran masa de la población: lo siguiente … el «chip» de rastreo -que poco a poco- quieren ir implantando. Honestamente espero que nunca llegue ese día y si llegase espero y deseo sea voluntario, ya que transgrede las leyes de la ética y de la misma naturaleza, en mi opinión. ¿Qué quiero expresar con esto?: que antigüamente el médico trabajaba para el bienestar del paciente porque esa era su máxima tanto por su código de trabajo como por sus principios, el re-equilibrio de la naturaleza basado en el hecho de que el hombre es una expresión de esa naturaleza. Es decir, que la armonía se volviese a instaurar en el campo energético de la persona. Se prescribían recetas pero siempre que la enfermedad no invadiera más el estado vital de la persona enferma. 

A mí personalmente el jarabe de llantén y el propóleo me van de cine para prevenir algún constipado o gripe y también para utilizarlos cuando el virus ya está instalado. Esto es lo estándar para mí en este caso. Pero … ¿y si voy a una revisión de mi caso a un nivel más personalizado?: ese constipado, esa gripe … igual es por un sobreesfuerzo intelectual, cambio en mi dieta -con lo que ello conlleva-, cambios personales -con lo que ello conlleva-, …

Es conveniente tratar de ir al punto. ¿Por qué?: porque el entramado físico-emocional-espiritual o anímico de la persona deben recuperar el equilibrio y el sistema médico actual -en gran parte- está preparado para estandarizar el proceso de enfermedad. Eso es lo que hay que tratar de evitar, que el sistema de salud a gran escala se estandarize.

Tenemos que volver a la medicina de la Tierra, a la medicina de la intuición, la medicina del canto … Es la medicina personalizada que nos corresponde como seres de este planeta. También es educacional e integrativo: si ya lo recordásemos desde pequeños lo llevaríamos en nuestro quehacer diario. Yo lo veo como un «chip» que tenemos pero que nos lo han desconectado.

Pero está latente … tic tac tic tac …

 

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