HIPERTENSIÓN

AROMATERAPIA PARA LA HIPERTENSIÓN

 

Tenemos aceites esenciales que funcionan muy bién a nivel anti-hipertensivo:

 

ACEITE ESENCIAL DE LAVANDA

https://aromayenergia.com/2016/10/20/aceite-esencial-de-lavanda-lavanda-officinalis/

ACEITE ESENCIAL DE MANZANILLA ROMANA

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ACEITE ESENCIAL DE MELISA

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ACEITE ESENCIAL DE YLANG-YLANG

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ACEITE ESENCIAL DE LEMONGRASS

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ACEITE ESENCIAL DE BERGAMOTA

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ACEITE ESENCIAL DE MANDARINA

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Formas de aplicación: INHALACIÓN ó MASAJE

INHALACIÓN: se pueden poner 2 ó 3 gotas de aceite esencial en difusión. También se pueden echar 2 ó 3 gotas de aceite esencial (por ejemplo bergamota) en un pañuelo e ir inhalando de vez en cuando.

MASAJE: Recomendación de aceite portador:

ACEITE DE JOJOBA (20 ML) + Podemos utilizar, por ejemplo, ACEITE ESENCIAL DE YLANG-YLANG (1 ML) + ACEITE ESENCIAL DE MANDARINA (Ó OTRO DE LOS INDICADOS) (1ML)

Procedimiento: (OPCIONES DIFERENTES)

* Antes de acostarse en la planta de los pies (1/2 hora antes de acostarse) (2 ó 3 gotas de la mezcla)
* Plexo solar (2 ó 3 gotas de la mezcla), 3 veces al día
* Antes de acostarse masaje en la columna vertebral (1/2 hora antes de acostarse) (5 ó 6 gotas de la mezcla)

 

FITOTERAPIA PARA LA HIPERTENSIÓN

Algunas plantas medicinales han demostrado ser efectivas para reducir la tensión arterial. Hablaremos de algunas de las más importantes:

OLIVO

Las hojas del olivo destacan por la acción hipotensora que ejercen, atribuida a la presencia de oleaceina, a la que también deben su acción vasodilatadora, diurética, febrífuga y espasmolítica. Además, tanto las hojas como el aceite de oliva disminuyen los niveles altos de colesterol. Por esto, se recomienda en la prevención de enfermedades coronarias y en otros trastornos asociados a la hipertensión como cefaleas, vértigos, etc. También se utiliza en el tratamiento de alteraciones circulatorias leves.

Del olivo, además de las hojas se aprovechan sus frutos, las olivas, que tienen en su parte carnosa una gran cantidad de aceite, de grandes cualidades con respecto a los demás aceites del mercado y que tarda mucho en enranciarse, por lo que resulta muy útil en farmacia para preparar numerosos medicamentos. En concreto, disminuye el colesterol, es ligeramente laxante y, por vía externa es emoliente.

Para lograr el beneficio comi hipotensor, pueden tomarse tres o más tazas al día de infusión de las hojas, que se prepara con una cucharadita de postre de hojas mejor frescas por taza de agua caliente, y se deja reposar 10 minutos. Si se prefiere, las hojas también se pueden tomar en forma de cápsulas. En cuanto al aceite, basta con tomar un par de cucharas que se repartirán a lo largo del día.

ESPINO ALBAR

Esta plana también presenta una acción hipertensiva, gracias a su contenido en flavonol y catequizas, que ayudan a mejorar la circulación coronaria y regularizan la tensión arterial y los trastornos de ritmo cardíaco (extrasístoles, palpitaciones … ). Para beneficiarnos de sus efectos, y sin sobrepasar la dosis, se puede tomar una infusión que se prepara con 1 cucharadita de flores por taza de agua, tres veces al día; o 20 gotas de tintura antes de cada comida, tres semanas al mes.

TILO

El estrés es uno de los factores que pueden estar implicados en el incremento de la tensión arterial. En el caso de que, efectivamente, la hipertensión tenga un origen nervioso y se agrave la situación de estrés o ansiedad, podemos recurrir a las flores de tilo. Un remedio sencillo pero efectivo para lograr que la tensión se normalice y se mantenga en los niveles deseados. La tila es útil porque a sus propiedades como planta sedante se unen sus efectos como planta hipotensora. Para preparar una tisana es suficiente con mezclar 25 gr de flores de tilo con la misma cantidad de espino albar y crisantemo, además de 20 gr de milenrama. Se hierve durante 3 minutos 1 cucharadita de la mezcla por taza de agua. A continuación se cuela y se mantiene en reposo 10 minutos más. Se toma caliente, 3 veces al día, tras las comidas o la última a media tarde.

Otro remedio es el que se prepara con tila en combinación con la milenrama. La mejor manera de tomar estas plantas consiste en mezclarlas a partes iguales (una cucharada de la mezcla por taza de agua) y en forma de influsión, ya que además de aprovechar sus principios activos, la persona ingiere una cantidad de líquido adicional que siempre será beneficiosa para depurarse. Este remedio se bebe una vez esté tibio, unas tres veces al día.

AJO

El ajo mantiene la sangre fluida, disminuyendo la coagulación, por lo que previene contra las embolias, reduce los niveles de colesterol y mantiene a raya los niveles de tensión arterial. Protege el organismo, por tanto, contra las complicaciones cardiovasculares y se revela como un remedio muy valioso para tratar la hipertensión. Masticar uno o dos dientes de ajo cada mañana es un remedio sencillo para estimular la circulación y prevenir las enfermedades coronarias.

Con ajo también podemos preparar una bebida hipotensora que ofrece buenos resultados se obtiene dejando macerar durante toda la noche un diente de ajo troceado en un vaso de agua mineral tibia junto con la corteza de un limón bien limpia. Por la mañana se filtra y se bebe 10 minutos antes de desayunar.

 

LA TENSIÓN ARTERIAL

La tensión arterial es la presión que la sangre ejerce sobre las paredes de las arterias  (los vasos sanguíneos que llevan la sangre desde el corazón a las demás partes del cuerpo).

Cuando se contrae, el corazón lanza la sangre a través de las arterias hacia todos los rincones del organismo para nutrir las células. A cada contracción le sigue una dilatación. En este sentido, actúa como una pera de goma que se aprieta (se contrae) para, acto seguido, recuperar su forma (se dilata). Se habla de presión máxima cuando el corazón se contrae y lanza una gran cantidad de sangre, la cual ejerce una gran presión sobre las paredes de los vasos sanguíneos. Por el contrario, cuando el corazón se relaja y la sangre no ejerce fuerza sobre esos vasos se habla de presión mínima. Eso es la tensión: la fuerza ejercida por el volumen de sangre contra las paredes de los vasos sanguíneos.

Pero para tener una tensión correcta hacen falta una serie de condiciones que ahora nos interesan especialmente.

Primero, que la sangre sea lanzada en una determinada cantidad. Después, que llegue con una frecuencia concreta y ajustada a cada necesidad (si hacemos ejercicio, por ejemplo, el organismo demanda más sangre). Además,  los conductos por los que se va a distribuir la sangre deben estar libres de obstáculos. Las arterias y las venas, que son nuestros tubos internos, han de estar limpios, con la luz (diámetro interior de un tubo) suficiente y con la elasticidad correcta. Y claro, otra de las condiciones es que la sangre sea de buena calidad, que no sea ni demasiado líquida ni demasiado densa.

Si alguna de esas condiciones falla, es decir, si la cantidad, la calidad, la fuerza o la limpieza de tubos no es la correcta, la primera señal de alarma la va a dar la presión que la sangre va a ejercer sobre las paredes de las arterias.

Los especialistas hablan de dos condiciones para que la tensión sea la correcta: el gasto cardíaco y la resistencia periférica.

Gasto cardíaco

Es el “consumo” de nuestro corazón, es decir, el esfuerzo que el músculo cardíaco debe realizar para lanzar la sangre. La velocidad con la que el corazón late refleja el mayor o menor gasto cardíaco (más gasto: late más deprisa; menos gasto: late más despacio). Como es lógico, no es uniforme, ya que aumenta si hay una demanda específica como cuando, por ejemplo, hacemos ejercicio. Asimismo, desde un punto de vista exclusivamente mecánico, un exceso de líquidos también provoca que el corazón tenga que realizar un mayor esfuerzo. (Aquí, el riñón siempre está dispuesto a hechar una mano y aumentará su producción de orina para compensar ese exceso).

Otro problema que se puede plantear como “gasto cardíaco” es el de la anemia. El término “an-emia” significa literalmente “sin sangre” y se refiere, como es sabido, a la disminución de la cantidad de hemoglobina o el número de glóbulos rojos. Como el organismo sigue demandando la misma cantidad de estos glóbulos -los necesita para funcionar, puesto que son los recaderos que llevan los nutrientes a las células-, el corazón compensa esa carencia enviando los glóbulos más veces. Y eso se traduce, como es natural, en un mayor gasto cardíaco.

 Resistencia periférica

Si el corazón se contrae y lanza sangre por los “tubos”, pero éstos no están del todo limpios o no tienen el suficiente calibre, la presión que ejerce sobre sus paredes también es mayor de lo deseado. La resistencia periférica hace referencia a la resistencia al flujo sanguíneo que ofrecen los vasos periféricos.S

Como es fácil de suponer, esos tubos tienen sus propios sistemas de relajación y contracción y están sujetos a la acción de distintas sustancias hormonales que actúan sobre ellos. Por ejemplo, si se sufre estrés, las glándulas suprarrenales segregarán adrenalina, que tiene el poder de estrechar esos vasos. Y así hay otras muchas sustancias que tienen esa misma capacidad de contraer esas vías de circulación. Igualmente, disponemos de sustancias que relajan esos conductos, entre las que puede destacarse el óxido nítrico. Éste ha resultado ser de vital importancia en esa relajación y en la protección cardíaca. En efecto, parece qe cuando la sangre roza la pared interna de los vasos se libera ese óxido y se produce su acción vasodilatadora. Dicha acción explica una de las últimas aplicaciones de este óxido en los estimulantes de la erección, como el sildenafilo.

En cualqueir caso, tanto las sustancias y las hormonas encargadas de la contracción como las de la relajación se compensan para mantener la tensión en unos niveles que podemos considerar aceptables.

¿A qué se llama hipertensión?

Se habla de hipertensión cuando la presión que la sangre ejerce sobre la pared de las arterias (recordemos: los vasos sanguíneos que llevan la sangre desde el corazón a las demás partes del cuerpo) es excesiva, esto es, anormalmente elevada. Se mide con dos valores expresados en milímetros de mercurio: el valor sistólico, es decir , cuando el corazón y las arterias se contraen para empujar la sangre que contienen y que se corresponde con las cifras más altas, y el valor diastólico, cuando el corazón y las arterias se dilatan y la sangre penetra en su cavidad; corresponde a las cifras más bajas.

La Organización Mundial de la Salud habla de hipertensión cuando la sistólica es igual o superior a 140 milímetros de mercurio y la diastólica de 90 o más en personas que no están tomando fármacos antihipertensivos.

Un dato que convienes destacar es que en todos los países se habla de milímetros, mientras que en España se suele hablar de centímetros. Así, en nuestro país diríamos que un adulto es hipertenso cuando tiene más de 14 de máxima o más de 9 de mínima. Asímismo, es importante señalar lo de adultos: la tensión sufre variaciones importantes con la edad.

La tensión se clasifica con diferentes adjetivos en función de sus niveles. A saber:

  • óptima: entre 120 (o menos de máxima) y 80 (o menos) de mínima
  • normal: entre 130 de máxima y 85 de mínima
  • alta-normal: entre 130-139 de máxima y 85-89 de mínima
  • hipertensión grado 1: 140-159 de máxima y 90-99 de mínima
  • hipertensión grado 2: 160-179 de máxima y 100-109 de mínima
  • hipertensión grado 3: 180 de máxima y más de 110 de mínima

El peligro de una tensión elevada está claro: imagine las tubería s de una casa por las que el agua circula a mayor presión de la que pueden soportar. El riesgo de que revienten es innegable, además de que también someten al corazón -la bomba que impulsa toda esa agua- a un gran esfuerzo. Además, esta gran presión puede hacer que resulten afectados tres órganos (en este caso, órganos diana) como son el cerebro, los riñones y los ojos.

Según propuso en su día la Organización Mundial de la Salud, la hipertensión se puede clasificar según el grado de afectación de los distintos órganos:

  • grado 1: no hay afectación orgánica. No hay signos clínicos de alteración
  • grado 2: por lo menos hay alguno de los siguientes signos:
    • hipertrofia ventricular izquierda
    • arterias de la retina con alteraciones
    • proteinuria o proteínas de la orina (indica el comienzo de fallo renal al no filtrar convenientemente las proteínas) o aumento de creatinina en plasma (la creatinina es el resto de la creatina, que sirve de energía a los músculos y se elimina por los riñones; la aparición de este compuesto indica que puede haber alguna alteración renal)
  • grado 3: ya aparecen síntomas funcionales derivados de la tensión elevada:
    • insuficiencia ventricular izquierda
    • hemorragia cerebral o encefalopatía hipertensiva
    • en el fondo del ojo hay hemorragia arterial. Este grado 3 es un grado que puede considerarse grave.

 

 

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