DEPRESIÓN

 

SÍNTOMAS: ánimo decaído, abatimiento físico, inhibición del curso del pensamiento, voluntad débil, incapacidad de decisión.

TIPOS: depresión encubierta, depresión de carácter neurótico, depresión bipolar mayor, personalidad ciclotímica, depresión reactiva, depresión involutiva, depresión en la psicosis.

 

La depresión se caracteriza fundamentalmente porque las personas que la padecen tienen un estado de ánimo decaído, abatimiento físico, inhibición del curso del pensamiento, voluntad débil e incapacidad de decisión normal. Se trata de un padecimiento psíquico que origina un alto índice de sufrimiento, tanto en el plano emocional como en el orgánico.

¿Tristeza o depresión?: aunque la tristeza está presente en la depresión, no son equivalentes. Alguien puede sentirse triste por alguna circunstancia de su vida: pérdida de un ser querido, separación de pareja … y tratarse de una reacción normal que no debe confundirse con un estado depresivo. La tristeza, al igual que la alegría, forma parte de la vida del ser humano; pero si los recursos internos son aceptables, así como la consistencia del yo, entonces pueden elaborarse adecuadamente los acontecimientos que lo han perturbado y de forma espontánea, al cabo de un cierto tiempo, se inicia un proceso de recuperación y el tono anímico vuelve a su estado habitual, algo que no ocurre con la depresión.

 

Concepto de depresión: el concepto de depresión está muy divulgado en la sociedad y por ello parece mejor entendido que otros tipos de trastornos de personalidad. La palabra depresión se ha generalizado enormemente en la época actual, sobre todo en las sociedades urbanas, y se utiliza de forma indiscriminada incluso cuando no se da una correspondencia entre ciertos estados emocionales y la definición clínica del trastorno.

La depresión aparece incluida en otros cuadros sintomáticos dentro de la neurosis. También en las psicosis abarca un espacio que la caracteriza y es frecuente que aparezca acompañada de ansiedad y de angustia. El mundo de las emociones se halla muy implicado en los estados depresivos. Éstos se generan en un proceso que puede llevar un tiempo hasta que aparecen signos visibles a nivel externo. A veces se desencadenan debido a un suceso externo que ha influido en su aparición, pero también habrá que tener en cuenta la historia del sujeto y la forma de interactuar con el ambiente y con los demás durante la infancia y la adolescencia.

A nivel mundial, según estudios llevados a cabo, se observa que la incidencia en la población femenina es mucho mayor que en la masculina; estadísticamente se da una proporción de dos mujeres depresivas por cada hombre depresivo. Al investigar sobre las causas de esta diferencia, hay que concretar que existe una multiplicidad de factores de tipo biopsicosocial.

Los estados de ánimo:

Los estados de ánimo vienen a representar la estabilidad del mundo emocional. No siempre surgen como consecuencia de las emociones que se desarrollen en diversos momentos de la vida sino que también forman una especie de substrato previo a la evolución de los acontecimientos. Así, unas personas pueden experimentar una línea bastante estable a lo largo de su vida, caracterizada por un estado de ánimo vital, fluctuante o de tendencia depresiva, y esto las condicionará de forma distinta a la hora de hacer frente a las diversas situaciones.

En el estado de ánimo trise predomina la sensación de vivir como una carga pesada, esto tiene su reflejo también en el cuerpo, con una disminución de la cantidad de energía: lentitud y pobreza de movimientos, pesadez corporal …

El llamado popularmente “mal estado de ánimo” se refleja en la ausencia de motivación para emprender proyectos y, en especial, la gran dificultad para que aparezcan deseos constructivos.

En la depresión, el estado de ánimo decaído es una constante. La persona se percibe como muy débil se desprecia a sí misma, es muy dependiente de los otros, se siente impotente para resolver problemas de la vida cotidiana, los acontecimientos del pasado tienen un relieve especial para ella y enturbian la percepción de la realidad del presente. El futuro se vislumbra con temor y gran negativismo. Existen casos en los cuales en algunos períodos esto no se hace visible y se esconde tras una impresión de “falsa vitalidad” que cuando desaparece, muestra a auténtica configuración de la personalidad subyacente.

Causas:

En las mujeres, las causas de la depresión están influidas por factores individuales: psicológicos, biológicos y sociales. En la neurastenia, los estados de agotamiento físico debilidad neurológica y muscular son algunos de los síntomas más visibles en el plano corporal. Esta afección la padece un alto número de mujeres que consultan por fatiga crónica. 

A lo largo de la vida femeninda existen ciclos ligados a la sexualidad y la reproducción que son más vulnerables a la aparición de trastornos del tono vital, como la aparición de la primera regla; la pubertad y la adolescencia; el embarazo, el parto y la lactancia, o la menopausia. En estas etapas, los procesos hormonales influyen en el estado de ánimo de la mujer, pero es todavía más importante tomar en consideración los aspectos simbólicos que entran en juego y que, en buena medida, determinarán las posibles oscilaciones emocionales que acaban por desencadenar estados depresivos, ya que son expresiones corporales de la feminidad.

Etapa infantil: ya desde la etapa infantil en fases muy primarias en las cuales es posible que aparezcan síntomas de depresión, la niña puede evidenciar apatía, pasividad, ausencia de deseos de jugar, de aprender … Presenta dificultades para comer o conciliar el sueño, se siente cansada, sin ganas de moverse ni de explorar su entorno. En ocasiones tiene una actitud de aparente adaptación, con un nivel de autoexigencia excesivamente desarrollado en relación a su edad, que encubre una gran debilidad interna.

El tipo de relación afectiva con las figuras familiares (madre, padre, hermanos y hermanas …) es decisivo en la configuración de un esquema de relación con los demás. El deseo de los padres influye notablemente en la imagen que la niña irá fabricándose de sí mismo hasta que llegue a ser adulta.  En los casos en que el vínculo inicial madre-hija no ha podido salir de la fase de dependencia o bien ha sido interrumpido anes de tiempo, la niña crece pero no adquiere una identidad propia diferenciada de la madre o muestra problemas para construirla, con lo que tendrá más probabilidades de sufrir depresión, así como otros trastornos de personalidad.

Etapa adolescente: no se puede entender debidamente la depresión si no se analiza cómo se realizó el tránsito en la pubertad y adolescencia a nivel psicológico. En una gran cantidad de mujeres depresivas se constata que vivieron una adolescencia especialmente complicada, con grandes dificultades para construir una imagen femenina saludable.

La hija que percibe una madre depresiva o muy frustrada está recibiendo mensajes inconscientes de que la vida de una mujer no es satisfactoria. Las dificultades de comunicación con los padres (con la madre especialmente) pueden influir a la hora de configurar una valoración personal adecuada que facilite la creación de recursos internos que ayuden a amortiguar las limitaciones de la vida y a potenciar las cualidades personales adecuadamente.

Etapa adulta: en la vida adulta, la mujer se enfrenta a un conjunto de circunstancias tanto personales como colectivas que en ocasiones provocan una descompensación de su equilibrio psicológico. Los rápidos cambios que experimenta la sociedad (que también afectan a la estructura familiar) y el papel cada vez más presente y activo de la mujer no suelen ir paralelos a la asimilación subjetiva de dichos procesos, y así se hallan enfrentados distintos modelos de feminidad.

Circunstancias desencadenantes: 

  • la incorporación al trabajo en un mundo hasta hace poco regido exclusivamente por hombres y con criterios muy marcados en torno a la presión para la competitividad, éxito económico, etc, con frecuencia poco compatibles con otras facetas de la vida femenina, como la maternidad
  • exigencias económicas crecientes que obligan a la mujer a realizar una doble jornada laboral al realizar las tareas de la casa y las tareas profesionales sin una reducción de la jornada durante los primeros años de crianza de los hijos
  • situaciones críticas familiares: enfermos a quienes cuidar que requieren un esfuerzo especial psíquico o físico: padres ancianos, cónyuge enfermo, hijos con serios problemas físicos o psíquicos
  • relaciones de pareja deterioradas: convivencias en que la mujer se siente menospreciada de forma habitual, con maltratos físicos y psicológicos, durante bastante tiempo
  • separación de la pareja: relaciones en las cuales la separación se ha llevado a cabo con grandes desacuerdos e incluso con violencias y amenazas. Si hay hijos, éstos a veces se convierten en el blanco de la hostilidad y ello repercute en el equilibrio emocional de la madre
  • fallecimiento de un familiar o persona muy querida: pérdida de la madre en la infancia, viudedad, pérdida de un hijo, aborto …
  • pérdida del hogar habitual por accidente o por crisis económica
  • violaciones o abusos sexuales en algún momento de la vida
  • haber sido testigo durante la niñez de fuertes peleas entre los padres y agresiones físicas entre ambos
  • alcoholismo crónico de la madre o el padre
  • enfermedades prolongadas o minusvalías, que imposibiliten la realización de la vida normal
  • pérdida del lugar de trabajo. Acoso laboral que implica desvalorización continua en el contexto laboral, obstáculos para progresar, despidos injustificados …
  • maternidad asumida con dificultad en la cual la mujer puede sentirse desbordada por las demandas del bebé, desorientada y sin ayuda
  • mujer que cuida del hogar y los hijos sin colaboración y sin que ello le resulte gratificante
  • sensación de vacío existencial desencadenada cuando los hijos mayores se independizan, ya que muchas mujeres se encuentran carentes de la misión que durante años las ha sostenido psicológicamente, a diferencia de las que también han potenciado otras áreas en su vida
  • menopausia: pérdida de la capacidad reproductora, miedo a la vejez, a la muerte 
  • en la vejez, y sobre todo si hay padecimientos orgánicos que imposibilitan un desarrollo normal de la vida cotidiana, la vivencia de incapacidad, de dependencia de los otros 
  • algunas mujeres viven determinadas circunstancias en principio positivas, como un ascenso en el trabajo, el acceso a una situación muy deseada o la obtención de un título, con una fuerte ambivalencia y sin esquemas referenciales adecuados, por lo que la imagen de sí misma se resiente de forma negativa

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